En mi casa, ¡eso no!
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Cuando te sales de madre, y tienes claro que la maternidad muchas veces rebasa los límites y te lleva al más profundo desbordamiento, también sabes a ciencia cierta que esto, muchas veces, va ligado a tener niños que SE SALEN. ¡Y olé por ellos!
Porque ser hombre libre, diferente, gamberro y travieso solo son síntomas de estar vivo, de no ser un borrego, de vivir una infancia sin miedos, de poder mostrar de verdad quién eres y de disfrutar de ser, por qué no, un poquito follonero (que eso con los años, para nuestra desgracia, se pierde).
Así que, como siempre, el paso de mis niños por el cole y mi cansancio a estas alturas del curso me hacen pensar de vez en cuando en esta (auto)enseñanza: Mamacita y papacito, NO, los malos modales no (siempre) son los padres. Si un niño da un tortazo, seguramente no es porque “eso lo ve en casa”. Si dice una palabrota, no es porque "sus padres son, sin lugar a dudas, unos maleducados irresponsables y malhablados". Ni siquiera es porque se trata de un niño “malo” frente al tuyo que, evidentemente, es un santo. Pero, sobre todo, no es el único que lo hace (o que lo hará). ¡Y cuidado si ya tienes a alguno en plena adolescencia, que vienen curvas... y de las grandes!
Mamacita y papacito, SÍ. Estamos todos en la misma liga, por lo que no hay nada mejor que practicar un poquito la empatía y prestar una atención especial a la posibilidad (por muy pequeña que creas que puede ser) de que existan diferentes versiones. Puedes llevarte alguna que otra sorpresa…
Que todos queremos mucho a nuestros hijos. Y yo a los míos les adoro más que a nada en este mundo, aunque les guste, a sus 6, 9 y 12 años (y los que les quedan), jugar al boxeo, a los linces, al faltón o a las peleas. Solo hay que ver sus heridas de guerra diarias y cómo no sueltan prenda (no por buenos, sino por temor a que se les acabe el cachondeo). Les va la marcha, y por eso también reciben. Y mucho. Pero esto ya me lo enseñaba mi abuela: juegos de manos, juegos de villanos ♥️
Porque tu hijo seguramente te cuenta las maldades y palabrotas que hace o dice el colega malote, pero seguro que no se detiene a contarte las que él suelta. Y, llamadme loca, pero me aventuraría a afirmar que, en ninguno de los dos casos, lo han aprendido en casa.
Por cierto, mi abuela también me enseñó lo “peligroso” que puede ser escupir para arriba o pensar que estás por encima del bien y del mal y que eso, a ti, no te va a pasar... #emiliadixit
A los niños solo hay que darles tiempo para que, en algún momento, la caguen y metan la pata. SEGURO. Unos más y otros, con suerte, menos. A mí en el reparto me ha tocado de los que menos y de los que más. Y los tres han escuchado y vivido lo mismo en casa. Pero en eso consiste la educación. En aceptar que cada uno es diferente, intentar que controlen esas actitudes y que, sobre todo, hay que luchar y confiar en que crezcan con y como buenas personas. Que una cosa no va con la otra, y se puede ser un lince follonero con el corazón del tamaño de un elefante...
Y creo (o quiero creer) que en esa batalla estamos todxs 💙
PD: Quizás la clave está en enseñar que si juegas al boxeo, no solo se da. Es muy probable que también recibas...